Y yo te he respondido: sí.

Estoy loco, lo sé, y sé que te he mentido. Rematadamente loco,

lo repito, y grito: ¡sí!

Sabemos que es mentira… Entonces… ¿por qué me lo preguntas?

Me quieres hacer mentir, te ríes de mí.

 

He visto en un instante tu cortesano salón, cortinajes y almohadones

de raso, divanes, la luz de las cristaleras hace brillar vuestras

perlas, vuestros ojos de felicidad…, y yo entré, andrajoso entre

tus cortesanos; con tu elegancia me indicaste, con la mano;

brillaron en tu boca más que joyas tus sonrisas, (¡Cómo me alegro

de que te rías de mí!) y, por todos oída la pregunta

yo te he respondido: sí.

 

¿Es cierto que te ríes de mí como lo hicieron ellos? Llámame

cuantas veces tú quieras, que yo, más loco en mi locura,

repetiré: sí.

 

Tú sabes que yo miento, y yo lo sé; pero estoy loco y es ésa la

sola palabra que sale de mí: sí. ¿Verdad que no te ríes de mí?

¿Verdad que me preguntas por ver si, repitiéndola, mi mentira

trueca en un sí que sea el buen sí? Yo repetiré mi mentira

mil veces, mi andrajosa locura entre risas de corte, y tú…

 tú no dejes de hacerme la pregunta. Un día…

 

¿Es que acaso hay otro sitio en que tú puedas brillar mejor?

Pon tu perla en mis andrajos, no hay otro sitio, busca,

que no lo hay. Te convengo, sólo en mí brillarás mejor. Sí.

 

Y yo te he respondido: sí

Pedro Antonio Urbina